Era cerca del fin del siglo veinte cuando Príncipe se reencarno. Puede ser que sea raro lo que te voy a decir, pero espero que aún puedas mantener tu mente abierta y expectante a las cosas que mis palabras van a dibujar en tu cabeza.
Príncipe se reencarno en una niña no nombrada. Se que Príncipe es chico y una niña no nombrada es chica. Pero también se que uno tiene cuerpo y el otro es solo un alma perdida. Además estoy contándote un relato de hadas y magia. No debería sorprenderte mucho.
Esta niña no nombrada era la hija menor de un joven matrimonio. Una hermana mayor la esperaba con impaciencia y, para ser francos, algo de celos. Los hermanos mayores siempre sienten ese tipo de cosas.
Esa niña, al poco tiempo que príncipe estaba con ella, recibió el nombre de Francisca. Y hasta que ella nació no paso nada muy importante para nuestra historia.
Apenas Francisca aprendió a caminar mostró una independencia que nadie la entendía. Podía moverse por la casa sin decir ninguna palabra. iba de un lado a otro, con un precario equilibrio sin dejar de mirar cada cosa que había en su casa.
No se muy bien cuando príncipe despertó dentro de Francisca, pero al parecer siempre estuvieron juntos en convivencia. O tal vez en armonía. Suele ocurrir que algunos hombres son mas receptivos a las almas de los portadores de magia que la inmensa mayoría.
Francisca fue a un colegio de monjas y católico. Pero incluso en ese momento, en donde las cosas invisibles son mas notorias para los ojos de los hombres, la mayoría de la gente que la rodeaba no veía las cosas que ella si veía.
Si hubieses visto a esa pequeña en esos días la hubieras notado a kilómetros. Sus ojos cafés claro cuando miran a la luz y oscuros y negros cuando se fijan en las sombras. Una piel pálida y fría al tacto. Una voz siseante y muy característica. Delgada y de rasgos finos. Quizá tendría la nariz muy grande, pero era un detalle dentro de todo.
Como decía, Francisca parecía una muñeca frágil y delicada siempre. Incluso hubo un invierno entero que se lo paso en cama producto de una pulmonía o alguna otra enfermedad que le suele dar a los niños pequeños y frágiles.
Desde pequeña Francisca siempre andaba mas preocupada del resto que de si misma, sin embargo no decía muchas palabras ni mostraba ninguna habilidad especial.
Por eso es difícil saber cuando Príncipe despertó en Francisca. Desde muy pequeña ella mostraba algunas cualidades de él, pero solo algunas. Y eso es raro, podría decirse que estaba semi-despierto, pero hasta el día de hoy jamás había escuchado que algo así podía pasar.
La infancia de Francisca paso como cualquier otra infancia. Solo destacaba del resto por cosas absolutamente intangibles. Quizá esa ausencia que la preparaba para viajar sola. O esos ojos que aprendieron a hablar antes que su boca. Pudiendo decir cosas sin emitir sonido alguno.
Pronto acabo la infancia de ella y llego la adolescencia. Como cualquiera hubiese apostado, la linda chica se convirtió en una atractiva joven. De esas que es inevitable no verlas. De esas que no puedes dejar de pensarlas.
No hay mucho que contar de esta parte de la vida de ella. No al menos que sea realmente relevante en nuestro cuento. Solo que siempre creció escuchando una débil vocecita lejana que la llamaba una y otra vez. Un susurro lleno de pena y de lastima. Alguien la reclamaba con angustia. Incluso llegaba a sentir que la necesitaban en otro lado.
En verdad hay un suceso importante de contar que ocurrió en los tiempos donde Francisca aun no era declarada príncipe. Y no es mucho lo que se puede contar de este episodio, solo que es la primera vez que Francisca se topaba con Vicente.
Mas adelante te contaré quien era Vicente y porque es importante en nuestro cuento. Solo te contaré como fue que se vieron por primera vez.
Vicente es un par de años más grande que Francisca. No es mucho mas grande, pero cuando se esta en el colegio un par de años son casi un desierto de distancia. No creas que iban en el mismo colegio, de hecho iban en colegios muy distintos.
Dije que Francisca había pasado sus primeros años en aquel colegio de monjas y cristiano. Pero no termino su educación en aquel colegio. Por un problema de actitud ella paso a otros dos colegios mas laicos. Y en el ultimo colegio realmente se sintió a gusto. Era de esos colegios medios artísticos donde los alumnos si no tienen algún desorden de personalidad son mirados raros.
Vicente estaba terminando su colegio cuando a Francisca le faltaban tres años para terminar. Vicente siempre ha sido un desastre para cualquier cometido que se le encargue, y conseguir pareja para su fiesta de gala no era la excepción.
Sin haber visto jamás a Francisca Vicente la llamo el mismo día de la fiesta par invitarla. Semejante disparate no podía fructificar, sin embargo quedaron para salir un día al cine.
Se que no suena verídico el como se conocieron, pero doy mi fe que las cosas pasaron mas o menos de la forma en que las estoy contando. Quedaron de salir a ver una película y los dos llegaron a la cita a ciegas.
Ambos la pasaron bien aquella tarde. Conversaron y se sintieron muy cómodos el uno al lado del otro. Fueron buenos cómplices desde el primer momento y eso los ayudaría mas en los días futuros.
Era obvio que Vicente se enamoraría de aquella atractiva joven. Y era obvio que no podría pasar nada entre ambos, no en aquellos días. Pero no por eso dejaron de tenerse cariño. Y no por eso olvidaron la complicidad que tenían el uno con el otro.
Sin embargo, pese a ese gran comienzo, sus caminos no estaban listos para estar el uno para el otro. Vicente volvió a sus cosas y Francisca a las de ella. Tendría que pasar el tiempo para que se volvieran a encontrar. Y cuando se encontraron de nuevo es difícil decir si eran los mismos que se despidieron.
Nadie sabe exactamente que día paso. Mas bien que noche paso. Pero si se sabe que fue lo que paso aquella noche en que Príncipe y Francisca fueron uno solo, cuando decidieron compartir una vida y hacer de la misión de uno la de ambos.
Había sido un día agotador. De esos llenos de cosas y que no puedes relatar porque sabes que no paso nada importante. Francisca había llegado a su casa y solo se encerró en su pieza hasta que se quedo dormida.
Y cuando estaba dormida soñó. Y en el sueño vio una vida que no era su vida. Y sintió una pena que no era su pena. Y acepto una misión que no era su misión.
Cabalgaba sobre un corcel blanco. Cabalgaba veloz sobre una llanura color de trigo. Era como una flecha veloz camino a las montañas. Cabalgaba con fuerza y firmeza, decidida a no descansar hasta alcanzar aquello que buscaba. Y mientras cabalgaba el sol y la luna escribieron dos días. Días en que ella no durmió ni comió.
Llegó al píe de las montañas cuando el tercer día se encontraba en su mediodía. Y vio una caverna oscura sombría y fría. Amarro su corcel a un árbol cercano y se refresco la cara en un riachuelo cercano.
Y en su reflejo se vio distinta y se vio a si misma. Es difícil explicarlo para alguien que nunca ha visto algo parecido, pero tratare de expresar lo que Francisca veía en su sueño.
Eran sus ojos y su piel la que se reflejaba sobre el agua de aquel charco a mediodía. Pero no era su cara la que estaba ahí. Era como si estuviese viendo a su hermano gemelo que nunca conoció. Eran sus rasgos pero mas masculinos. Era mas parecido a su padre que a su madre. Pero se sentía ella y sentía que, aunque no fuese su rostro, aquel reflejo era ella.
Sus ropas tampoco eran sus ropas. Había visto un par de veces algunas ilustraciones del príncipe valiente y reconocía esa ropa como las de aquella ilustración. Incluso tenia al costado una espada como la del cuento aquel.
No sabía muy bien porque era que tenía que entrar a aquella caverna, pero sabía que era imperioso entrar cuanto antes a aquella caverna. Como si su vida o la vida de alguien mas dependieran de lo que ella tuviese que hacer.
De los fardos que cargaba su caballo saco una soga y una antorcha. Le dirigió unas palabras a su montura, prendió la antorcha y se aventuro en la negra abertura de la montaña. Cada paso que daba lo daba con decisión y resolución, aunque no sabia porque lo hacia.
Con cada paso que daba la caverna respondía con un eco. Parecía que la misma caverna estuviese invitándola a seguir adelante. Y con cada paso dado, la caverna se iba volviendo mas oscura y fría. Las siluetas jugaban cada vez de manera mas misteriosa y sombría. Compartían secretos que nadie podía oír.
Francisca avanzaba por esta oscuridad cómplice. Sabia donde la conducían sus pasos aun sintiéndose absolutamente perdida. Su cuerpo se movía como si de un sueño se tratase, pero sus ojos veían como se veía la vida misma.